Adressadors, Cadirers , Tundidores , Teixidors … el callejero de València es transparente y da unas pistas que ya las hubiera querido para sí el mismísimo Hércules Poirot. No hay lugar a equívoco, los nombres de las calles del centro de la ciudad nos recuerdan que en los alrededores del Mercat Central y la Lonja de la Seda los artesanos eran quienes llevaban a cabo su labor.
Los oficios a los que se hace referencia en el nomenclátor de la ciudad son en primer lugar los artesanos que trabajaban y preparaban los terciopelos y a las prendas de seda en los telares de la ciudad; en segundo, quienes arreglaban y trabajaban las sillas; en tercero, los que trabajaban las pieles y los cueros; y los últimos se refiere a los fabricantes artesanales de prendas textiles. En resumen, Ciutat Vella era tierra de manufactura.
La cercanía de la principal plaza donde se llevaban a cabo las transacciones comerciales, cuando el Mercado Central ni siquiera estaba en el imaginario, atrajo a los trabajadores que se instalaron en los alrededores del lugar en el que mayor tráfico de gente se producía, algo que tampoco ha variado tanto con los siglos, aunque lo que sí que ha cambiado es la nacionalidad de los paseantes: hoy, durante los días de entre semana el casco antiguo es propiedad casi en exclusiva de los turistas.
Durante estos años también ha evolucionado el tipo de comercios que se encuentran en la zona más castiza de València. Aunque, como ocurre con la Historia, este proceso también es cíclico. Los locales que no bajaron la persiana sine die mutaron a tiendas de souvenirs destinados a complacer las pulsiones comerciales de los visitantes. Sin embargo, desde hace unos años, a quienes resistieron los envites del mercado más salvaje y aguantaron el chaparrón de las grandes superficies ofreciendo productos tradicionales, se sumaron “nuevos valientes” que apostaron por esta zona para instalar sus talleres de artesanía y vender sus productos danto lugar al nacimiento de los que ellos llaman la “resistencia artesanal”.
Artesanía centenaria y de nueva creación
Un caso peculiar es el de Vicente Benlloch, tercera generación de la empresa centenaria de abanicos Vibenca, fundada en el año 1910 en Godella, pero que cuenta con tienda propia en la plaza Lope de Vega de València desde hace apenas una década. “Cuando nos instalamos en 2013 esta zona estaba muerta. Este barrio tradicionalmente artesano casi había desaparecido, encontrabas muy poco negocio aquí”, rememora este artesano pintor de abanicos. “Estaba medio muerto, no pasaba gente ¡y eso que estamos junto a la plaza Redonda!”, exclama mientras ultima los detalles de una cenefa dorada que remata un nuevo diseño salido de su taller ubicado en la parte trasera de la tienda y que queda a la vista a través de un hermoso ventanal.
Vicente Benlloch in the part of the workshop he has next to the fan shop in the Lope de Vega square in València / Marina Falcó
Tras pasar unos años “complicados”, volvió a resurgir el barrio y a partir de revivir un local protegido que antes había acogido una librería, “vimos que ponían otros comercios alrededor, algún que otro artesano, y ya empezó a crearse un poco la vida”.
Otra cara de la misma moneda la acuñan Rocío Vicén y Ferran Perera, creadores de Rocío Studio, una marca de joyería independiente cuyas creaciones salen de la imaginación y las manos de Rocío con la ayuda de Anna Marqués, quien se incorporó al equipo hace apenas unos meses y trabaja con ellos en la tienda-taller que abrieron a principios de 2024 en la calle de les Danses.
Su aterrizaje en el céntrico barrio de El Mercat -perteneciente al distrito de Ciutat Vella- fue fruto de la casualidad, pero han contribuido al resurgir de las tiendas de artesanía del centro y a crear una red de orfebres que se están asentando en los alrededores. Cerámica, diseño de moda, joyería… las (“València es tierra de joyeros, sobre todo por lo relacionado con la indumentaria de fallera”) han llevado a que los emprendedores de estos oficios tradicionales apuesten por instalarse en los bajos de la parte histórica de la ciudad.
Este movimiento de ‘nuevos artesanos’ merece toda la admiración de Benlloch: “Me parece muy valiente que hayan tomado este camino y es increíble que tengan esa esas ganas de exponer lo que ellos mismos crean a la gente. Y es que precisamente eso le da mucho valor añadido a nuestros productos: el hecho de que te vean pintado o que sean testigos de cómo se hace una joya”, afirma el artesano de los abanicos.
Lo contrario a la inmediatez
Volver a las raíces, a lo que hemos sido y a lo que os hace únicos. La búsqueda de lo auténtico es, quizás, lo que nos está haciendo volver poco a poco a los oficios. En un tiempo en el que la impaciencia y el gran consumo dominan nuestras compras, apostar por piezas que requieren de calma para su producción y recepción es un acto de pura rebeldía.
“La artesanía es lo contrario a la inmediatez”, sentencia Rocío quien puede invertir unos diez o quince días en completar el proceso de producción de una joya. Pero a cambio de no apostar por lo urgente conseguimos la exclusividad porque no habrá otra pieza como la nuestra.
La uniformidad nos ha robado parte de la identidad y por ello productos como los abanicos de Vicente o las joyas de Rocío, Ferran y Anna nos devuelven un poco de autenticidad. “Nosotros apostamos por la belleza de la imperfección, es lo que nos diferencia del de al lado”, reivindica la diseñadora de joyas.
Pero la singularidad no es lo único que nos devuelven los artesanos, también ayudan a fortalecer el tejido empresarial local. Vicente es el último eslabón de una cadena de artesanos “de los que cada vez quedan menos”, se lamenta. Varetador, calador, fondista, teladora y pintor, todos ellos funcionan como una maquinaria de reloj suizo para dar forma a cada uno de los abanicos que acaban convirtiéndose en auténticas obras de arte.
En el caso de Rocío Studio trabajan con negocios de cercanía para hacer realidad sus modelos, como una fundición del barrio de Patraix o ilustradoras valencianas como África Pitarch quien ha colaborado con ellos en una de sus colecciones. Crear valor sosteniendo el que ya tenemos, esa es la clave.
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Source: www.levante-emv.com



